San Martín, Alvear y Zapiola, iniciados en las logias gaditanas, formaron en Buenos Aires el triángulo básico de la Logia Lautaro en 1813, entidad eminentemente política de formas masónicas que en muy breve lapso incorporaría en su seno a los elementos vinculados a la logia de Julián Alvarez y, seguramente por ese conducto, a Bernardo Monteagudo y los dirigentes de la Sociedad Patriótica. A la inversa de lo que se había hecho hasta entonces, la Logia Lautaro comenzó a actuar sin estridencias, sin amenazas, sin reuniones públicas, sin periódicos voceros. Pero trabajaba con severa disciplina y plena conciencia de lo que se proponía hacer. Los cofrades del triángulo primigenio no habían regresado al suelo natal sólo con espíritu de lucha, sino con planes bien amasados para llevar adelante la obra independentista en todo el continente sudamericano. Si Alvear no supo mantener la línea trazada, y muy pronto quedó enredado en intereses partidistas locales gratos a sus devaneos dictatoriales, San Martín fue siempre consecuente con los propósitos que animaron su decisión de obtener la independencia y la unidad política de la América del Sur, y él asumió la responsabilidad del comando supremo de la entidad.

El autoritario Triunvirato, convencido de que contaba con la fuerza para imponer arbitrariamente sus decisiones sobre la opinión Pública, era un obstáculo insalvable para la Logia, y debía ser derrocado. Chiclana y Nicolás Herrera entraron en vinculaciones con los lautarinos, pero ello no facilitó la ingerencia de la entidad en lo político, pues Rivadavia no estaba dispuesto a compartir ideas. La Logia, que habla logrado la adhesión de los jefes militares por el prestigio de San Martín y de Alvear, apoyó firmemente a la Sociedad Patriótica y contribuyó con eficacia a la caída del primer Triunvirato con la revolución del 8 de Octubre de 1812. En muy pocos meses, la Logia obtuvo su primer objetivo, adquiriendo el poder político que necesitaba para llevar adelante sus proyectos de independencia continental ya enunciados en el Plan Revolucionario de Operaciones.

Esa idea de unidad sudamericana era algo más que un mero deseo. Era un propósito formal, un compromiso contraído por los americanos vinculados a las logias gaditanas. Sobre el particular, es muy elocuente el Manifiesto que a su hora publicó Vicente Rocafuerte: “Todos los americanos – decía- nos tratábamos con la mayor fraternidad, todos éramos amigos, paisanos y aliados en la causa común de la independencia, no existían esas diferencias de peruano, chileno, boliviano, ecuatoriano, granadino, etc., que tanto han contribuido a debilitar la fuerza de nuestras mutuas simpatías”. En esa misma línea estaba la Logia Lautaro, y es imprescindible comprender ese punto de partida si se quiere entender la acción de San Martín en el Río de la Plata, Chile y Perú, como también sus relaciones con Simón Bolívar, empeñado en idéntica causa.

A través de un manuscrito de O'Higgins (que se encuentra a continuación) se ha logrado conocer la Constitución Matriz de la Logia Lautaro. De ella se desprende una severidad de conducta y un espíritu de subordinación de los lautarinos a las disposiciones de la Logia, que aseguraba la eficacia operativo de la entidad, El articulo 15º es bien claro: las determinaciones tenían que ser sostenidas “a riesgo de la vida”. Eso era algo más que una expresión retórica. Era un compromiso categórico adquirido bajo solemne juramento. Por eso mismo la segunda ley penal consideraba “reo de muerte” al infidente.

El apoyo mutuo y la acción conjunta apuntaba a obtener todos los resortes del poder, con el objeto de lograr el fin supremo que se habían propuesto, es decir, la independencia continental. En ninguna parte se dice, ni se insinúa siquiera, cuál sería el régimen de gobierno que habría de auspiciarse. Así, quedan desvirtuadas las divertidas suposiciones de que los lautarinos debían apoyar necesariamente el sistema republicano.


La Logia Lautaro entendía que, ante todo, debla triunfar la revolución en el plano militar, eliminando la resistencia de los sarracenos. La política debla estar al servicio de ese objetivo básico, y por eso mismo la Logia debla manejar todos los resortes del poder. Después, cuando la paz interior lo permitiera, se discutirían las formas institucionales más convenientes conforme al pronunciamiento popular.

Entretanto, los lautarinos debían esforzarse en averiguar la opinión pública, exigir el respeto a los derechos esenciales del pueblo soberano, y evitar los abusos tiránicos de la autoridad administrativa. Pero tampoco hay que exagerar la nota sobre el particular. Herederos del racionalisimo dieciochesco, los dirigentes de la Logia morigeraron el populismo jacobino de muchos de sus cofrades, e impusieron una especie de eclecticismo político, inspirado en Montesquieu, según el cual el ideal de libertad se halla condicionado por las circunstancias naturales e históricas, y es preciso obrar de acuerdo con las posibilidades efectivas que ese acondicionamiento ofrece en el lugar y en el momento de la acción. En ese sentido retornaban en parte la línea de Moreno, quien exigía el respeto a la voluntad del pueblo mientras esa voluntad, por inexperta o por inmadura, no se opusiera a los fines últimos perseguidos por la Revolución.

El ejército debía ser garantía de esa conducta, y así lo asentaron los jefes militares, todos lautarinos, en el Cabildo abierto del 8 de Octubre, cuando afirmaron que la presencia castrense en la plaza tenía por objeto “proteger la voluntad del pueblo”, y asegurar que éste “pudiese explicar libremente sus votos y sentimientos, dándole a conocer de este modo que no siempre están las tropas, como regularmente se piensa, para sostener los gobiernos y autorizar la tiranía”.


Como toda empresa humana, la Logia Lautaro cometió errores y tuvo significativos aciertos. Pero no cabe duda de que la acción decidida de los lautarinos logró vencer las resistencias de los indecisos y los pusilánimes, y superando las rencillas políticas internas impuso la declaración de independencia, punto de partida indispensable para cualquier régimen institucional.

Según el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, el General Bernardo  O'Higgins dejó un manuscrito que reproducía la Constitución Matriz de la Logia Lautaro establecida en Chile, idéntica a la instaurada en Buenos Aires en 1812. A continuación se transcribe el texto pertinente, que el citado historiógrafo publicó en su obra El Ostracismo de Q'Híggíns:

"Gemía la América bajo la más vergonzosa y humillante servidumbre, dominada con cetro de hierro por la España y por sus Reyes, como es notorio al mundo entero, y lo han observado por tres siglos, con justa indignación, todas las naciones. Llegó por fin el momento favorable en que disuelto el gobierno español por la prisión de su Monarca, por sus observaciones repetidas, por la ocupación de la España y por otras innumerables causas, la justicia, la razón y la necesidad demandaban imperiosamente el sacudimiento de este yugo. Las Provincias del Río de la Plata dieron la señal de libertad: se revolucionaron, han sostenido por diez años su empresa con heroica constancia; pero desgraciadamente sin sistema, sin combinación y casi sin otro designio que el que indicaban las circunstancias, los sucesos y los accidentes. El resultado ha sido haber dado lugar a las querellas de los pueblos, al extravío de la opinión, al furor de los partidos y los intereses de la ambición, sin que los verdaderos amigos de la patria pudiesen oponer a estos gravísimos males otro remedio que su dolor y confusión."

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Este ha sido el motivo del establecimiento de esta sociedad, que debe componerse de caballeros americanos, que distinguidos por la liberalidad de las ideas y por el fervor de su patriótico celo, trabajan con sistema y plan de la independencia de la América y su felicidad, consagrando a este nobilísimo fin todas sus fuerzas, su influjo, sus facultades y talentos, sosteniéndose con fidelidad, obrando con honor y procediendo con justicia, bajo la observancia de las siguientes Constituciones:

1º La Logia matriz se compondrá de trece caballeros, además del Presidente, Vice-presidente, dos Secretarios, uno por la América del Norte y otro por la del Sur, un Orador y un Maestro de ceremonias.

2º Este número no podrá aumentarse; pero en caso de salir algunos de los hermanos fuera de la Provincia, podrá llenarse el mismo si las circunstancias lo exigiesen.

3º El Presidente será perpetuo; por su ausencia suplirá el Vice-presidente, por la de éste el más antiguo; mas los demás empleos serán anuales. -

4º El tratamiento del Presidente y demás en la Logia será de hermano, y fuera de ella el de usted llano, a excepción de los casos en que a presencia de otros el empleo y decoro público exijan el correspondiente tratamiento.

5º No podrá ser admitido ningún español ni extranjero ni más eclesiástico que uno solo, aquel que se considere de más importancia por su influjo y relaciones.

6º Tampoco podrán ser admitidos los hermanos o parientes inmediatos.

7º Siempre que algún hermano fuese nombrado por el Gobierno primero o segundo Jefe de un ejército, o Gobernador de alguna provincia, se le facultará para crear una sociedad subalterna, dependiente de la matriz, cuyo número no excederá de cinco individuos¡ y entablando la debida correspondencia, por medio de los signos establecidos, todas las noticias y asuntos de importancia que ocurrieran.

La Logia deberá reunirse semanalmente el día que acordaré; también en los casos extraordinarios en que por alguna grave ocurrencia convocara el Presidente.

9º Siempre que alguno de los hermanos sea elegido para el Supremo gobierno, no podrá deliberar cosa alguna de grave importancia sin haber consultado el parecer de la Logia, a no ser que la urgencia de¡ negocio demande pronta providencia; en cuyo caso, después de su resolución, dará cuenta en primera junta o por medio de su Secretario, siendo hermano, o por el de la Logia.

10º No se entiende el antecedente artículo en las providencias y deliberaciones ordinarias y dé despacho común.  

11º No podrá dar empleo alguno principal y de influjo en el Estado, ni en capital, ni fuera de ella, sin acuerdo de la Logia, entendiéndose por tales los de Enviados interiores y exteriores, Gobernadores de provincia, Generales en jefe de los ejércitos, miembros de los tribunales dé justicia superiores, primeros empleos eclesiásticos, jefes de los regimientos de línea y cuerpos de milicias y otros de este clase.

12º Para sostener la opinión del hermano que tuviese e/ Supremo gobierno, deberá consultar y respetar la opinión pública de todas las provincias, así en los empleos que acuerde como en las deliberaciones graves que resuelva.  

13º Partiendo del principio de que la Logia, para consultar los primeros empleos, ha de pesar y estimar la opinión pública, los hermanos, como que están próximos a ocuparlos, deberán trabajar en adquiriría.

14º Será una de las primeras obligaciones de los hermanos, en virtud del objeto de la institución, auxiliarse y protegerse en cualesquiera conflictos de la vida civil y sostenerse la opinión de unos y otros; pero cuando ésta se opusiera a la pública, deberán por lo menos observar silencio. 

15º Todo hermano deberá sostener, a riesgo de la vida, las determinaciones de la Logia.

16º Siempre que fuese propuesto algún profano para la Logia, se votará el nombramiento de los hermanos que le sean más allegados, para que sondeando sus disposiciones con la mayor cautela, y sin descubrir persona alguna, den cuenta a la Logia para que resuelva su admisión o no.

17º No se tendrá por Logia la reunión que no se compusiese de las dos terceras partes, y sus determinaciones en otra forma serán sin valor ni efecto.

18º Cuando la sociedad tuviera que tratar en favor o en contra de algún hermano, deberá hacerle salir el Presidente para que se discurra con franqueza.

19º Todos los hermanos están obligados a dar cuenta en la Logia sobre cualquiera ocurrencia que influya en la opinión o seguridad pública, a fin de que pueda tratar con oportunidad y acierto de los remedios convenientes.

20º Cualquier hermano que averigüe que algunos de los otros ha descubierto la Logia por palabras o señales, deberá inmediatamente dar cuente el Presidente para que la reúna; pero si se reuniese en el mismo día, lo, expondrá en pública Logia.

21º Al momento nombrará la Logia una comisión compuesta de seis individuos, que deberá esclarecer el hecho bajo el mayor signo, para lo cual se te exigirá nuevo juramento, y del resultado dará cuenta en plena Logia poniendo su dictamen sobre lo actuado.

22º A consecuencia, la Logia reunida plenamente o en el mayor número posible, después de examinar maduramente lo actuado por la comisión, oirá al delincuente y según el mérito le decretará la ley penal correspondiente.

23º - Cuando el Supremo gobierno estuviese a cargo de algún hermano, no podrá disponer de la fortuna, honra, vida ni separación de la capital de hermano alguno sin acuerdo de la Logia.

APENDICE DE LA CONSTITUCION

“El artículo 7º debe entenderse en esta forma: que los cinco individuos de que deben componerse las sociedades subalternas son, fuera de los empleados que tendrán como la matriz, a saber, Presidente, Vice-presidente, un solo Secretario para las dos Américas, un orador y un Maestro de ceremonias.

Los caballeros hermanos de la Logia matriz que se hallaren accidentalmente en algún pueblo o lugar donde hubiera establecida sociedad subalterna deberán incorporarse en ella supernumerariamente, y asistir a sus sesiones con todas las obligaciones y privilegios de los numerarios."


LEYES PENALES

"1º El que dejara de asistir por mera voluntad, siendo muy frecuentes sus faltas, será declarado inhábil para cualquier empleo por el tiempo que juzgue la Logia, y en caso que lo tenga será suspenso hasta nueva resolución.

2º Todo hermano que revele el secreto de la existencia de la Logia, ya sea por palabra o señales, será reo de muerte, por los medios que se halle por conveniente.

3º El hermano que acuse falsamente a otro será castigado con la pena del Talión,

4º Todo hermano que fuera de la Logia murmure o detraiga el crédito de otro hermano, quebrantando el artículo 14º de la Constitución, será considerado infame o indigno de alternar con los demás, y no se incorporará en los actos de reunión durante el tiempo de los debates, hasta que ella lo haya absuelto.

5º El que no cumpliere con lo resuelto, será castigado con la pena proporcionada a la gravedad de la materia."

REGLAMENTO DE DEBATES Y ORDEN

1º Será una de las obligaciones de los socios asistir a las juntas con puntualidad a la misma hora de la citación.

2º Reunidos los socios en las dos terceras partes que bastan para formar junte ocupará e/ Presidente el asiento preferente  y los demás el que se les proporcionará, sin guardar riguroso orden de antigüedad.

3º Se dará principio a cada junta por la relación que deben pasar los Secretarios de todo lo acordado en lo anterior para que en consecuencia den razón de sus comisiones los que las hubiesen recibido y se trate del cumplimiento de lo acordado, antes de pasar al examen de otras materias.

4º Después de haber tenido en consideración los últimos acuerdos y todo lo concerniente a su cumplimiento podrá el Presidente proponer los objetos de más importancia que te ocurriese, excitar a los socios a que hagan las mociones que creyeron convenientes, y cuando concurriesen dos o más mociones apoyadas se votará por la Logia sobre cuál debe discutirse con preferencia.

5º Ninguna moción podrá discutirse sin ser apoyada, y una vez puesta en discusión debe ser explicada, ilustrada y puesta en sus precisos términos por su autor.

6º Cada socio podrá opinar libremente acerca de la materia en discusión, pero no podrá hacerlo sin haber pedido y obtenido la palabra del Presidente.

7º El Presidente no concederá la palabra sino después que el último preopinante haya concluido de hablar, ni la concederá más de dos veces a un socio en cada materia.

 Después de haber hablado dos veces cada uno de los socios que hayan querido hacerlo, propondrá el Presidente votaran sobre si se halla suficientemente discutido la mayoría en cuestión. Si de la votación resultara no estarlo, seguirán los debates; pero si se diese por bastantemente discutido, se procederá a votación sobre el negocio principal propuesto en los términos en que le fijó su autor.

9º La votación se hará levantando la mano derecha por la afirmativa, y permaneciendo en quietud por la negativa.

10º  Sí resultase igualdad de votos, se repetirá la votación, y si todavía no hubiese pluralidad, se deferirá el negocio a nueva junta.

11º Cualquier socio puede reclamar el orden cuando se invirtiese; pero principalmente el Presidente, que podrá imponer silencio.