“Jamás negaré mis principios; seré uno de los primeros que clamaré por la formación de una autoridad nacional que dé al fin al país la organización nacional que tanto reclamen sus verdaderos intereses, y que inequívocamente es el voto de todos los hijos de la tierra...”.

Con estas palabras Estanislao López expresó en 1832 a Juan Manuel de Rosas su resolución de promover sin demoro la organización constitucional del país sobre bases federales. A lo largo de su existencia de lucha, el caudillo santafecino sirvió lealmente el ideal federalista. Esto no le impidió, sin embargo, buscar a todo trance la preservación de la unidad nacional, y para ello no vaciló - aun en los momentos de sus mayores victorias sobre el centralismo porteño-, en concretar con Buenos Aires los acuerdos y pactos que salvaron al país de la disgregación territorial. Fue así como López firmó en 1820 los tratados del Pilar y Benegas, en 1822 el Tratado del Cuadrilátero y en 1831 el Pacto Federal. Cada uno de esos compromisos de unión y alianza marcó un jalón decisivo en el proceso de nuestra organización política. Fueron, efectivamente, los “pactos preexistentes”, a cuyo logro tanto contribuyó Estanislao López, los que constituyeron la piedra fundamental de la Constitución sancionada en 1853 por la cual el pueblo argentino adoptó como sistema de gobierno el “representativo, republicano y federal”. López, a quien Rosas en homenaje póstumo tituló Héroe Glorioso de la Confederación, fue, con su mentonera santafecina, factor decisivo en el triunfo de esos principios.

Estanislao López nació el 22 de Noviembre de 1786 en la ciudad de Santa Fe. Se incorporó en su juventud al servicio de las armas, ingresando, a los 17 años, en la Compañía de Milicias provinciales. En 1810 se sumó a la columna que, al mando de Manuel Belgrano, marchó al Paraguay, e intervino en todas las acciones de esa campaña. Hecho prisionero por los realistas en Tacuarí, fue conducido a Montevideo donde logró fugarse y se incorporó al ejército sitiador comandado por Rondeau. Al levantarse el sitio en 1811, regresó a Santa Fe, donde prosiguió su actuación en la milicia y combatió contra las tribus salvajes del Chaco. En 1815 se pronunció en favor de Mariano Vera, quien encabezó la resistencia santafecina contra el ejército invasor porteño del General Viamonte. En 1817 volvió a combatir en apoyo de Vera - que había pasado a ocupar el gobierno de la provincia-, e intervino en la lucha contra las tropas porteñas de Díaz Vélez. Por su destacada actuación fue designado comandante de armas de la provincia, y recibió el grado de Teniente Coronel. Al promediar 1818 se embandera resueltamente en el movimiento federalista que encabezaba Artigas y, al renunciar Vera, pasó a reemplazarlo como Gobernador de Santa Fe. A partir de ese momento se convirtió en uno de los principales jefes de la causa federal. Junto con Francisco Ramírez, el caudillo entrerriano, marchó en 1820 sobre Buenos Aires para derrocar al gobierno dictatorial que se proponía establecer en el país la monarquía. Vencedor en Cepeda, firmó luego con Buenos Aires el Tratado del Pilar, punto de partida de la organización republicana y federal del país.

Después del alojamiento de Artigas y de la muerte de Ramírez, López se convirtió en el árbitro de todo el litoral, posición que conservó hasta su muerte. Secundó en un principio al Congreso Nacional de 1824, pero al poner Rivadavia en marcha su política centralista, se sumó al levantamiento general de las
provincias contra la autoridad del presidente unitario. Apoyó a Dorrego y, después de su asesinato, se convirtió, junto con Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga, en principal cabeza de la resistencia federal contra las fuerzas que, comandadas por Lavalle y Paz, intentaron implantar gobiernos unitarios en Buenos Aires y las provincias. En 1831 fue, con Rosas, uno de los promotores del Pacto Federal.

Concluida la lucha Contra los unitarios con el retiro de Lavalle y la captura de Paz, intentó, sin éxito, convencer a Rosas de la necesidad de proceder a la organización constitucional del país. Enfermo de tuberculosis desde 1836, murió en Santa Fe el 15 de Junio de 1838, en momentos en que los unitarios, en alianza con los franceses, reanudaban la lucha contra la Confederación. Tenía entonces 52 años.