EL TAMBOR DE TACUARI

Las estrofas tan divulgadas que el poeta Rafael Obligado dedicara al Tambor de Tacuarí constituyen quizá el mejor testimonio del hálito de leyenda que rodea a aquel muchachito de doce años, convertido hoy en símbolo del heroísmo infantil para el 9 de Marzo, es decir, la fecha conmemorativa de la batalla de Tacuarí.

Unas escuetas líneas de Mitre en su Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina dieron nacimiento al mito. Así, el Tambor de Tacuarí se abrió paso en la maraña de los orígenes históricos sin partida de nacimiento.


Bate el parche un pequeñuelo que da saltos de arlequín, que se ríe a carcajadas si revienta algún fusil porque es niño como todos el Tambor de Tacuarí.

Obligado se refiere al niño que hizo de lazarillo del comandante Celestino Vidal, uno de los jefes de la columna de ataque en Tacuarí, quien se hallaba prácticamente privado de la visión. Vidal, que recuperó la vista meses después, marchó al frente de la columna, pero el lazarillo que lo acompañaba se convirtió, a impulso del entusiasmo que agitaba a las tropas en esos momentos, en heraldo de la avanzada, batiendo el parche de su tambor.

No se sabe qué ocurrió luego con el tamborcillo. Ni siquiera si murió en la acción, aunque si hubiese ocurrido ésto tendría qua haber figurado en los partes. Los historiadores contemporáneos prefieren omitir el hecho al ocuparse de la batalla de Tacuarí, por la falta de pruebas documentales. Pero la leyenda prendió con facilidad, y poetas y artistas se inspiraron en aquel Jovencito para perpetuarlo en poemas, esculturas, cuadros, y hasta en una película cinematográfica argentina, estrenada en 1948.